EN LA CRISIS MIGRATORIA LA CULPA ES DEL IMPERIALISMO

Andi Uriel Hernández Sánchez

Al momento de escribirse estas líneas, va en 40 la cifra de migrantes muertos como resultado del incendio en la «estación migratoria” de Ciudad Juárez el pasado lunes 27 de marzo por la noche. Se trata de una verdadera tragedia humana, responsabilidad del gobierno mexicano por ser una consecuencia de la política obsecuentemente servil del presidente López Obrador ante la política migratoria, totalmente xenófoba y racista, del imperialismo norteamericano.

No hay duda de que la crisis terminal del capitalismo, ha acelerado en los últimos años, el crecimiento de la desigualdad social, la pobreza y la violencia en los países subdesarrollados en todo el mundo así como la concentración de la riqueza en unos cuantos multimillonarios de unos pocos países imperialistas y desarrollados. Así, mientras menos del 1% de la población nada en abundancia, más de la mitad de la población mundial se debate en la miseria y padece las amargas consecuencias que brotan de esta. He aquí la amarga verdad que se encuentra detrás de las, cada vez mayores, oleadas humanas de migrantes indocumentados que huyen de sus países empobrecidos hacia las grandes metrópolis del imperialismo mundial con la ilusión de encontrar una mejor vida. Tal como ocurre en nuestro continente. Naturalmente que en este proceso, estos seres humanos no son culpables de nada y mucho menos cometen delito alguno, más bien se trata de víctimas de un sistema económico, político y social podrido como lo es el capitalismo.

Considero importante precisar esto porque con el terrible fallecimiento de los 39 migrantes, calcinados y asfixiados por el humo, en la cárcel para indocumentados, ilegal e inhumana, ubicada en Ciudad Juárez, hay analistas en nuestro país que pretenden culpar de la tragedia únicamente al gobierno mexicano dejando impoluto al imperialismo norteamericano, el verdadero responsable de la pobreza y violencia de los países Latinoamérica, incluyendo a México.

Algunos de estos críticos, argumentan que la actual crisis migratoria es culpa del presidente López Obrador porque en 2018, siendo presidente electo, dijo que abriría las puertas de nuestro país y que se le daría un trato más humano a los indocumentados que transitan por el territorio nacional, incluso que se les brindaría ayuda y acompañamiento en su trayecto hacia Estados Unidos, tal anuncio, señalan, incentivó la formación de las inmensas “caravanas migrantes” compuestas por miles de personas unidas con el propósito de llegar a Estados Unidos y cuyo trayecto por México todos conocimos. La verdad es que esto es parcialmente cierto, pues seguramente el flujo de indocumentados se hubiese incrementado aunque López Obrador no hubiese dicho semejantes sandeces, resultado de su ingenuidad o quizá de su perversidad.

El grave error del presidente López Obrador y de su gobierno fue utilizar este discurso para mostrarse como un progresista, un defensor de los pobres, cuando en la realidad no podía o no tenían la real intención de darle un mejor trato a los migrantes.

Rápidamente, el entonces presidente estadounidense, Donald Trump, lo hizo tragarse sus palabras, pues amenazó al gobierno mexicano con incrementar los aranceles a los productos que se exportan hacia Estados Unidos, hasta en un 25% si no aplicaba la mano dura contra los migrantes que cada vez se agolpaban más en la frontera sur de este país, con lo que obligó a López Obrador a doblegarse y a tener aceptar que México entero se convirtiera en el gran muro fronterizo que Trump no pudo concluir en la frontera. López Obrador y su gobierno sufrieron uno de los ridículos más sonados de los últimos años y quedó demostrado ante el mundo entero cuán falsa era su bandera progresista y pseudo izquierdista, pues inmediatamente dio un giro radical a su falsa política de brazos abiertos para con los migrantes, envío más de 30 mil integrantes de la Guardia Nacional a la frontera con Guatemala y su gobierno emprendió una cacería en contra de estos seres humanos.

El flujo de migrantes no se ha detenido a pesar de esto y cada vez es mayor la cantidad de personas que ingresan a México para solicitar asilo en Estados Unidos, con la falsa esperanza de que haya encontrarán un mejor lugar. Recientemente, poco antes de la visita del presidente Biden y el primer ministro Justin Trudeau a México, el gobierno de la 4T aceptó firmar un acuerdo en el que nuestro país se comprometió a dar alojamiento hasta a 30 mil migrantes nuevos cada mes, mientras esperan que les otorguen el pase a los Estados Unidos. México se convirtió en los hechos en un tercer país seguro, aunque de esto último no tenga nada.

Los migrantes muchas veces son víctimas de las bandas delincuenciales, del crimen organizado y de las extorsiones de las propias autoridades del gobierno. Pues resulta que la estación migratoria ubicada en Ciudad Juárez, es solo una de muchos centros penitenciarios contra los migrantes que existen en el país, se trata de verdaderas cárceles en las que se hacina, en condiciones verdaderamente infrahumanas a personas en condición de vulnerabilidad. Se trata de una grave violación a los derechos humanos.

En tan solo 2 años, las quejas en contra de estos centros de reclusión, bajo la administración del Instituto Nacional de Migración (INM) ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ha crecido exponencialmente. Las denuncias por vejaciones, lesiones, torturas, agresiones sexuales y extorsiones que los migrantes han presentado ante la CNDH, pasaron de 714 en 2019 a 2141 en 2022. Al mismo tiempo en que la cantidad de migrantes detenidos paso de 81 mil en 2019 a más de 441 mil en 2022, un aumento exorbitante.

La tragedia de los 39 migrantes muertos, en su mayoría guatemaltecos, se suma a una lista de otros hechos indignantes. Aún tenemos fresco el recuerdo de la volcadura de un tráiler en Chiapas, el 9 de diciembre de 2021, (sobre la carretera Tuxtla Gutiérrez-Chiapa de Corzo), en cuya caja viajaban hacinados como animales ¡200! Hombres, mujeres, niñas y niños que habían partido de Comitán rumbo a Puebla (casi todos procedentes de Guatemala y Honduras). El accidente provocó la muerte de 55 migrantes que, junto con los 145 sobrevivientes, pasaron frente a las narices de las fuerzas estatales y federales de seguridad, incluidas las del INM, que muy seguramente fueron cómplices de quienes se dedican al tráfico de personas.

Mientras que en el país se discute si la culpabilidad es de los custodios que no permitieron la salida de los migrantes en tanto el fuego y el humo se extendía dentro de su celda en Ciudad Juárez o si fue responsabilidad de los propios migrantes que, ya sea por temor a ser deportados o en protesta por los malos tratos, decidieron prenderle fuego a sus colchonetas, bien vale la pena recordar que estas tragedias humanas podrían evitarse si en el mundo existiera un reparto más justo de la riqueza generada por las clases trabajadoras y si se pusiera fin a los intereses rapaces de las élites imperialistas del mundo para quienes López Obrador no es más que un títere.

Los trabajadores del mundo deben organizarse al interior de sus naciones para dar la lucha por construir sistemas económicos y políticos que realmente beneficien a las grandes mayorías y que no se dobleguen ante los designios de una nación o un puñado de superricos; aunque sin perder de vista que el problema de la desigualdad entre países y personas, es un mal global resultado del capitalismo en decadencia y que solo una lucha unida, inteligente y fraterna de todos los pueblos oprimidos de la tierra podrá atarle las manos al imperialismo rapaz y construir un sistema económico distinto al capitalismo, en donde no exista explotación del hombre por el hombre y los medios de producción no se encuentren concentrados en las manos de unos cuantos, una sociedad en donde todos podamos satisfacer nuestras necesidades elementales. Construir un mundo mejor y distinto debe ser la meta de todos los pobres del planeta, incluyendo naturalmente a los migrantes.