EL IMPERIALISMO Y SU DECADENCIA

Samuel Aguirre Ochoa

Seguramente la gran mayoría de los mexicanos hemos escuchado en la radio, la televisión o en las redes sociales que el presidente de Estados Unidos ha implementado una política muy agresiva contra los países subdesarrollados, como México.

Ha aplicado una política de deportación de migrantes que golpea a miles de trabajadores que se fueron a ese país en busca de empleo. Impuso una política arancelaria para frenar las exportaciones a ese país. Anunció la posibilidad de una intervención militar en México con el pretexto de combatir el narcotráfico. Y, lo peor, ha continuado con su política expansionista a través de las guerras.

Han asesinado a miles de palestinos en la Franja de Gaza, en Medio Oriente, y se han apoderado de su territorio para que sus empresarios construyan grandes negocios: zonas de hoteles, restaurantes y oficinas de los grandes corporativos norteamericanos y europeos.

Secuestraron a Nicolás Maduro para apoderarse del petróleo de los venezolanos. En ese país se encuentran las mayores reservas de gas y petróleo a nivel mundial.

Han estado financiando a los grupos nazis de Ucrania para cercar a Rusia y ponerla en una situación de peligro inminente de invasión. Iniciaron una guerra contra Irán con el propósito de apoderarse también de su petróleo, pues Irán es el país con la segunda mayor reserva de este combustible a nivel mundial.

Además, Irán es un punto estratégico en el mundo. Quien controle su territorio controlará las principales vías de comunicación de Asia y Europa por tierra. Me refiero a varias carreteras que forman la Ruta de la Franja y la Seda, que comunican a China con Europa, y a la red ferroviaria denominada Corredor de Transporte Internacional Norte-Sur, que comunica a Rusia con la India. Es decir, comunican de norte a sur y de este a oeste a ambos continentes.

Todo esto que sucede hoy en el mundo es una fase de la política del imperialismo estadounidense denominada superimperialismo, en la cual predomina el capital financiero usurero.

El capital quiere seguir incrementándose sin pasar por la fase de la producción de mercancías. Quiere seguir creciendo a través de la especulación en la bolsa de valores, endeudando a los países y a la gente pobre con tarjetas de crédito e hipotecas que no pueden pagar.

Esta política agresiva de Estados Unidos no es una muestra de fortaleza económica y política. Por el contrario, es una muestra de debilidad. Es una muestra de que el capitalismo ha entrado en una fase de decadencia irreversible.

Esta crisis terminal no es consecuencia de un error de los gobiernos de Estados Unidos ni de los empresarios. La decadencia del sistema capitalista se debe, curiosamente, al éxito del capitalismo norteamericano, que ha ido desarrollando y perfeccionando el mecanismo a través del cual explota el trabajo asalariado.

Los poderosos monopolios norteamericanos han optado por automatizar cada vez más el proceso productivo, por sustituir a los trabajadores con máquinas de mayor autonomía y con robots que hacen el trabajo que antes hacía el obrero.

Están despidiendo obreros a pesar de que el valor de las mercancías, valor que después se transforma en riqueza, lo producen los obreros. Si despiden obreros, entonces la ganancia disminuye, hecho que no le conviene a los patrones.

Pero esta disminución de la tasa de ganancia del capitalista no tiene corrección. La decadencia del imperialismo no tiene remedio. Es una enfermedad nacida de su propio desarrollo y es irreversible.

Pruebas: Estados Unidos no ha logrado levantar la tasa de ganancia ni recuperar el crecimiento de su Producto Interno Bruto. Estados Unidos está muy endeudado: debe algo así como el 120% de su PIB.

Estados Unidos está desindustrializado, no produce las mercancías que necesita y tiene que comprarlas, lo que tiene muy molesto al presidente Donald Trump.

El capitalismo norteamericano trata de sobrevivir sometiendo al mundo, viviendo a costa de los demás. Pero muchos países ya no quieren dejarse someter y se están rebelando contra las políticas de los norteamericanos.

Muchos pueblos del mundo están tomando conciencia de lo que está pasando, del riesgo que corren de perder, incluso, el suelo en que viven, donde cultivan su alimento y crían sus animales, lo que es su patria. ¡Se están defendiendo y se oponen a que les roben sus fuentes de energía y sus riquezas!

Como consecuencia de esto, los pueblos y las fuerzas antihegemónicas van a detener a Donald Trump y a los grandes magnates del capital que están tras del él y que están golpeando al mundo. Es por eso que nuestra organización sostiene que ha llegado la hora de los pueblos, porque solo estos podrán frenar al imperialismo.

Muchos pueblos de diferentes países se están levantando para frenar la voracidad de Trump. Pero para que estos países rezagados, como el nuestro, entren con posibilidad real de conservar la libertad e independencia en estas convulsiones del mundo, necesitan ganar terreno los BRICS.

Y así se viene levantando China, Rusia, Irán, Corea del Norte y otros países que no quieren dejarse avasallar por el imperialismo. Vienen con su propuesta de un mundo multipolar para frenar y derrotar al imperialismo. Esto no quiere decir que esos países nos vayan a liberar, pero sí modificarán la correlación de fuerzas y serán de gran ayuda para equilibrar un poco la balanza y que países como el nuestro entren a la lucha para defender sus intereses.

No podemos pensar que, en México, ante una agresión de Estados Unidos, vengan soldados de los países de los BRICS a detenerla. ¿Qué debe hacer México? Negociar con inteligencia el T-MEC, con valor, con el talento de nuestros funcionarios y con mucho patriotismo. No debemos provocar una agresión que no podremos repeler.

No hay duda de que la derecha se está organizando con el propósito de tomar el poder en México, tienen dinero, poder y medios de comunicación a su servicio. Para la derecha lo mejor que nos puede ocurrir es que entren los norteamericanos a “combatir” el crimen organizado, aunque en su propio territorio no hagan nada contra el narcotráfico ni la venta masiva de armamento. Los antorchistas no compartimos esta visión, consideramos que sería muy peligroso que nos gobernara la derecha, porque seguramente reprimirá duramente al pueblo y asumirá una política entreguista con los Estados Unidos.

Por tanto, el gobierno de México necesita generar un movimiento de masas o alentar la organización del pueblo y el crecimiento de organizaciones realmente dispuestas a defender a la patria, y esperar el momento del cambio mundial que va a venir con toda seguridad cuando los países de los BRICS debiliten al gigante norteamericano.

En ese momento podremos sacudirnos la bota que tenemos en el cuello si nos organizamos y preparamos lo suficiente. Por lo pronto, México debe cultivar la ciencia y luego aplicarla a la producción económica. Esto requiere la modificación profunda del sistema educativo nacional.

Tenemos que formar sabios. Tenemos que formar inventores. Y eso es lo que debe preocupar y ocupar a los profesores de las escuelas fundadas por el Movimiento Antorchista.

Les hago un llamado fraterno para que nos preocupemos por ir preparando a hombres y mujeres capaces de producir mucha riqueza, que hagan de México un país fuerte que, apoyándose en sus propias fuerzas, desarrolle la ciencia y la tecnología que necesita nuestro país para producir mucha riqueza y, de esa forma, dejar de ser un país dependiente de todos los productos que los mexicanos necesitamos para vivir.