Taxis y servicios por aplicación: entre el desempleo y la precariedad laboral

Por Juventino Navarrete Xilita

Entre junio y julio del año pasado, el gobierno del estado de Veracruz anunció nuevas tarifas para los taxis que circulan en la entidad, “como respuesta a la inconformidad” que habían manifestado muchos usuarios por los cobros “excesivos” por parte de dichos taxistas. El anuncio generó polémica e inconformidad entre la población y el sector taxista, pues ambos argumentaban tener razones de peso para exigir que disminuyera la tarifa o que se quedara igual.


En esa ocasión comentaba que era necesario analizar y considerar las dos posiciones, pues desde mi punto de vista ambas son válidas. Uno de los problemas que noté entre varios comentadores es que observaban el problema superficialmente y por ello llegaban a falsas conclusiones, por ejemplo, que necesariamente uno tenía razón y el otro no.
¿Por qué las dos posiciones son correctas? porque surgen de necesidades reales; el taxista quiere ganar más porque si no, no le da para pagar la gasolina, la cuota al dueño del taxi y para su día; mientras que el usuario quiere pagar menos porque si no, no saca la semana, pues sus ingresos son bajos. Nótese que ambas posiciones vienen de un problema mayor, los raquíticos ingresos que reciben los trabajadores todos los días y que no les permiten vivir cómodamente. Es cierto que algunos podrán argüir que el salario mínimo ha incrementado y que todos nos hemos beneficiado, pero esto también es falso, ya que alrededor del 70% de la población vive de la informalidad, por lo que no le tocan dichos beneficios, por lo tanto, el problema de fondo de esta situación es el alto nivel de desempleo y la precariedad laboral.


Según los resultados de la última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), del INEGI, publicados en mayo del año pasado, la Población Económicamente Activa en la entidad (es decir, la población en edad de trabajar) es de 3.4 millones de personas, de éstos 2.4 millones se encuentran en la informalidad, 88 mil están desempleadas y cerca de un millón tiene empleo formal. Cada trimestre hay leves variaciones, pero el grueso de los datos se mantiene constante. ¿Qué implica esto? que las personas que se encuentran en la informalidad no tienen ingresos asegurados, ni seguro laboral, ni prestaciones como aguinaldo y vacaciones, etc., básicamente viven al día y en vulnerabilidad constante y; el hecho de que la informalidad se concentre en micronegocios implica que hay poca o nula formación bruta de capital, por lo que la economía no crece o crece muy lento (la productividad es baja).


En los últimos días ha surgido un nuevo “conflicto”, ahora entre taxistas y los que ofrecen el servicio de transporte por aplicación como DiDi e inDrive. Nuevamente, dichos grupos plantean argumentos válidos, por ejemplo, que hay competencia desleal por parte de los que ofrecen el servicio por aplicación, pues no pagan impuestos o pagan pocos, no tienen que cubrir la cuota al dueño del automóvil, etc.; mientras que en contra de los taxistas persisten las acusaciones de mal servicio y cobros “excesivos”.
¿Cuál es la explicación de fondo de esta situación?
La misma que comento líneas atrás, el alto nivel de desempleo (que produce empleo informal precarizado) y la precariedad laboral formal, pues a la mayoría de la población no le alcanza sus ingresos y tiene que buscar como resolver; una de las salidas es el servicio de transporte por aplicación.


He conversado con algunas personas que ofrecen el servicio por aplicación y la mayoría coincide que, aunque tenga un empleo formal, de todos modos, su salario no les alcanza, pues es bajo y los precios suben cada vez más (precariedad laboral en todo el sentido de la palabra); mucha gente, después de cumplir su horario laboral, tiene que salir a buscar otros ingresos.
Por lo tanto, ni los taxistas, ni los que ofrecen el servicio por aplicación y ni los usuarios debemos de caer en el juego de pelear entre nosotros, pues precisamente eso es lo que buscan los gobiernos para confundirnos, para evitar que nos demos cuenta de que los verdaderos culpables de esta situación son ellos que no han ejecutado políticas que resuelvan de fondo el desempleo y la precariedad laboral. Son ellos que prometieron “transformar” para bien la realidad de los mexicanos, pero que no lo están haciendo.


Urge que todos los veracruzanos y mexicanos que vivimos en las mismas condiciones nos organicemos y luchemos por mejores condiciones de vida, que les exijamos a los gobernantes que se pongan a trabajar en serio y atiendan las necesidades de la población.