Samuel Aguirre Ochoa
El día de hoy quiero referirme a la difícil situación económica por la que atraviesa el país y cómo esta situación nos afecta a los millones de mexicanos que conformamos la clase trabajadora.
Al finalizar el año 2025, México registró un insignificante crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB), pues apenas alcanzó el 0.4%. Esto significa que la cantidad de nueva riqueza generada durante todo el año en el país fue bajísima; algo verdaderamente preocupante, pues con este pequeño crecimiento se crearon muy pocos empleos formales nuevos, por lo que millones de trabajadores se vieron obligados a incorporarse a las filas de la informalidad laboral para obtener el mínimo sustento ellos y sus familias.
De acuerdo con datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) durante 2025, el número total de empleos formales generados fue de apenas 278 mil 697, sin embargo, de esta cifra, más de 217 mil realmente no fueron empleos nuevos, si no que ahora se contabilizaron a los trabajadores de plataformas digitales como Uber o Didi, personas que ya bridaban servicio de taxi y como repartidores de comida, que fueron asegurados como resultado de la reciente reforma laboral impulsada por el gobierno.
Sin embargo, el prestigiado economista Enrique Quintana, director del periódico El Financiero señaló en su columna del pasado 12 de enero que hubo un decrecimiento de 127 mil puestos de trabajo en la industria de la construcción y la manufactura, pérdida de empleos que queda oculta con los asegurados de las plataformas digitales. Hubo, pues una pérdida neta de 65 mil 500 empleos formales en el 2025.
Por otro lado, un informe del Inegi dado a conocer el 28 de noviembre de 2025 reveló un contundente aumento en el número de trabajos informales, al pasar de 32.3 millones a 33.9 millones, por lo que 1.6 millones de mexicanos se incorporaron a las filas del trabajo informal, cifra que significa al 57.4% del total de la población ocupada en México.
Ahora bien, ¿Cómo se distribuyen los puestos de trabajo en la informalidad? Más de 9.4 millones se encuentran en el comercio informal como el ambulantaje, las pequeñas tiendas y otro tipo de micro negocios; 4.5 millones corresponden a puestos de trabajo en empresas formalmente establecidas pero que no brindan seguridad social ni otras prestaciones laborales a sus trabajadores y también en algunas áreas del gobierno contratados por honorarios; otros 3 millones se encuentran en el sector agropecuario, muchos de los cuales son jornaleros agrícolas, y un millón 300 mil son personas que trabajan como empleados domésticos.
Así las cosas, casi seis de cada diez trabajadores mexicanos laboran en condiciones vulnerables. Esos cerca de 34 millones de trabajadores informales carecen de contrato laboral, no disponen de seguridad social ni acceso a servicios de salud, no cuentan con periodos vacacionales remunerados, no acumulan antigüedad para la jubilación, carecen de garantías para una pensión digna en el futuro, no pueden disponer de permisos por maternidad o enfermedad y tampoco disponen del aguinaldo ni el reparto de utilidades que en términos legales debe recibir todo empleado cada año.
Así pues, la mayor parte de la fuerza de trabajo en México se encuentra en la precariedad laboral, es decir, a pesar de que disponen de un empleo, este es insuficiente para garantizarles una vida digna.
Con algunas pocas excepciones, la inmensa mayoría de trabajadores que laboran en el sector informal viven al día, apenas sacando lo necesario para cubrir los gastos de alimentación, renta y pago de servicios de sus viviendas; es gente que se ve en graves dificultades para hacer frente a los gastos educativos y al aumento constante de los precios de los productos de la canasta básica, sin posibilidad de ahorrar o de tener recursos para enfrentar una enfermedad grave de algún integrante de la familia o alguna otra situación catastrófica.
Estos millones de trabajadores buscan la manera de sustento de sus familias y de contribuir con la riqueza nacional, pues casi todos tienen jornadas labores superiores a las 10 horas diarias. Por lo que es una inmensa fuerza laboral de alguna manera desaprovechada para impulsar el desarrollo económico del país. Para ponerlo en perspectiva, la cantidad total de trabajadores informales en México equivale al 100% de empleos formales en Inglaterra, la sexta economía del mundo.
La precariedad laboral, conlleva condiciones de explotación laboral con jornadas extenuantes y en condiciones deshumanizantes, bajos salarios y carencia de prestaciones laborales, sin embargo, esto no es privativo del sector informal, pues cada vez afecta a más trabajadores formales. Pues según el centro de investigación “México, ¿cómo vamos?”, un total de 44.9 millones de trabajadores mexicanos viven en pobreza laboral, es decir, que, aunque disponen de un trabajo sus ingresos les son totalmente insuficientes para costear los gastos de la canasta alimentaria. En resumen, el 63.1 por ciento de toda la población del país percibe ingresos menores a lo necesario para enfrentar los gastos de alimentación, vivienda, vestido y educación de sus hijos.
Es cierto que, desde hace varios años, el gobierno federal ha impulsado el crecimiento anual del Salario Mínimo General, mismo que para este año 2026 será de 315 pesos diario a nivel general, equivalente a 9 mil 582 pesos mensuales; mientras que en la zona libre de la frontera será de 440 pesos diarios, es decir, 13 mil 409 pesos. Si bien con estos incrementos se ha ido recuperando cierto poder adquisitivo, existen dos problemas que no logran contener: el primero, es que el incremento al Salario Mínimo es anual, mientras que los precios de los productos de la canasta alimentaria crecen conforme aumenta la inflación en forma continua; el segundo aspecto negativo, es que el incremento del salario mínimo beneficia solamente a 8.5 millones de trabajadores que perciben dicho ingreso mínimo. Este incremento no representa mejoras para los trabajadores contratados bajo otros esquemas como los contratos colectivos y que suman más de 28.6 millones de trabajadores formales, por lo que es un beneficio que llega a muy pocas familias.
Este año no se cumplió la meta que se impuso el propio gobierno federal de crear 1.5 millones de nuevos empleos formales ni aumentó la inversión productiva, y en tanto no se modifique esta realidad económica serán millones los mexicanos que seguirán viviendo en pobreza, por mucho que reciban algunas transferencias monetarias en tarjetitas. Además, conforme pasa el tiempo y aumenta el número de beneficiarios de los programas sociales, el gobierno se ve más limitado en recursos económicos y tiene que recortar gasto público a otros sectores clave como la seguridad pública, la infraestructura urbana, la educación o la salud, así como seguir contratando deuda pública.
Mientras no se impulse el crecimiento real del desarrollo económico nacional no lograremos obtener verdadera soberanía ni independencia frente a las potencias mundiales que se disputan la hegemonía mundial. Hay que tener claro que la única forma de hacernos respetar frente al mundo y tener verdadera autonomía es indispensable construir una nación rica, próspera y pujante en todos los sectores de la producción y, al mismo tiempo, que sea capaz de garantizar trabajo digno y bien remunerado a la mayoría de sus hijos. Construir esa patria es una tarea de gran trascendencia que tenemos pendiente y la obligación de impulsar su creación.